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Cervantinos dispersos
Desde ayer y hasta el jueves se reúnen en Alcázar de San Juan, Ciudad Real, los directores de los centros que el Instituto Cervantes tiene repartidos por el mundo. El ministro de Educación, Ángel Gabilondo, al que alguien ha dado en llamar "cervantino disperso" se mostró encantado con el apelativo e inauguró esta VI Reunión de Directores del Instituto Cervantes llamándoles "cervantinos dispersos por el mundo".
Humor no le falta a este ministro, que también dijo que la lengua no es propiedad ni de los gobiernos ni de los Estados, sino de los pueblos y de los ciudadanos. No está mal, para una reunión que pretende establecer la estrategia de una entidad que agrupa a 73.000 estudiantes en torno a 75 delegaciones.
El anterior director del Instituto Cervantes (y anterior ministro de Cultura), César Antonio Molina, va a dirigir el futuro Centro Internacional para la Investigación, el Desarrollo y la Innovación de la Lectura que la Fundación Germán Sánchez Ruipérez está construyendo en las instalaciones culturales del antiguo Matadero de Madrid.
Como ministro, desde luego, el actual ha mostrado mucho más empuje. Como director del Instituto Cervantes se enorgullecía, dijo al recoger hace menos de un mes la medalla Castelao que otorga la Xunta de Galicia, de haber conseguido que "desde Sofía a Pekín, desde Nueva York a El Cairo o a Damasco (...) cualquiera pueda estudiar el gallego". Y, como profesor universitario, no era precisamente bueno.
¿Y como poeta? La Universidad de Texas acaba de publicar una antología de su poesía y le presenta como "una de las más relevantes voces españolas". Será verdad. La edición es trilingüe, con los originales en gallego o español y sus traducciones al inglés. El mero hecho de que un ministro escriba poesía es elogiable. Aunque no lo salve como ministro... ni como poeta.
No está mal que los cervantinos se dispersen como el viento por el mundo, que se reúnan de vez en cuando en torno a los molinos de ciudades reales o irreales... pero siempre que no se olviden, sobre todo nuestro Ángel disperso, que hay una ínsula esperando su gobierno.
Luis García
