El Sindicato de Estudiantes ha anunciado movilizaciones en contra del Pacto Social y Político por la Educación. Dice que no es social ni político. Y denuncia que el Gobierno está dando un “giro a la derecha” en este y otros temas, como las pensiones, la edad de jubilación o el despido, para acercar posturas con la oposición.
“Cualquier pacto con el PP es negativo, si Zapatero y su ministro de Educación no rectifican nos movilizaremos e iremos a la huelga general”, ha dicho su portavoz, Thoil Delgado. Aunque parece referirse a una huelga “general” en la educación, ha pedido a los sindicatos mayoritarios (y a los de profesores) que se les unan.
El sistema educativo nunca tendrá la estabilidad necesaria si cada vez que un partido accede al poder lo cambia. Para que se llegue a un pacto y una misma educación valga para las distintas tendencias políticas, hay que apartar la ideología de la educación. Y un sindicato que defiende, por ejemplo, el “derecho democrático de reunión en horas lectivas”, no parece el más adecuado para hacerlo. Una cosa es querer suprimir los crucifijos y otra muy distinta pretender sustituirlos por la foto del Che.
Siempre habrá gente para la que no valga ese acuerdo. Siempre habrá quien piense que “Cualquier pacto con el PP es negativo” y que no esté dispuesto a sentarse a negociar. Como siempre habrá estudiantes que no se sienten a estudiar. Pero de todos los argumentos que pueda haber ahora para pedir una huelga general, el de que el Gobierno esté negociando el pacto por la Educación es, sin duda, el más peregrino.
Luis García
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Carlos Francino acaba de entrevistar en la Cadena SER al ministro de Educación, Ángel Gabilondo. La última pregunta era de una oyente, una profesora a la que sus alumnos, con infinita desidia, le habían preguntado para qué sirve la poesía. Le ha contestado que es necesaria cierta educación sentimental y cierto cultivo de las palabras.
También ha llamado el director de un Instituto Tecnológico de la Universidad de Valencia. Decía que en España faltan ingenieros. El ministro lo ha corroborado, afirmando que en 2020 el 85% de los empleos en España requerirá cualificación, pero que no se pueden formar sólo buenos profesionales, sino que hay que formar personas, ciudadanos. Y que si se le pregunta al decano de una Facultad de Filología, probablemente diría que faltan filólogos e historiadores.
Pero lo que falta, sobre todo, es dinero. Por eso ha dicho el ministro que espera que el Pacto Social y Político por la Educación, además de un pacto educativo, sea un pacto por la financiación. Que la educación supone un 4,9% del PIB y que este porcentaje tiene que aumentar por lo menos hasta el 5,3%.
En este “viejo país ineficiente” podrá “no haber poetas / pero siempre habrá poesía”. Pero “¡Oh prosa! ¡Oh, mundo vil! No inspiraciones / pide el pintor a Dios, sino doblones”. Y es que ya sabemos que “Poderoso caballero es don Dinero” y que aquí podrá no haber poetas (ni ingenieros, ni historiadores…) y faltar escribientes, pero nunca habrá pesetas suficientes.
Luis García
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El ministro, Ángel Gabilondo, presentó ayer el texto inicial de su gran pacto por la Educación. Hasta el 22 de febrero no se tendrá un documento definitivo, así que sus ciento cuatro propuestas están abiertas al debate.
Entre ellas hay algunas concretas, como la de situar para el año 2015 el nivel de ayudas y becas universitarias en un 0,2% del PIB. Pero la mayoría son programáticas y buscadamente vagas, como la de “establecer planes de colaboración entre el Ministerio y las CCAA para la realización de determinadas acciones de formación permanente que permitan responder mejor a las nuevas necesidades” (!).
Pero lo más importante, aunque es la medida 101, está ya en el preámbulo: la estabilidad. Para conseguirla, “Tanto los cambios normativos como en su caso las futuras modificaciones que sepuedan derivar de las medidas acordadas en este Pacto Social y Político por la educación precisarán una mayoría parlamentaria de 2/3 en el Parlamento”.
O sea, que se equipara el pacto con las Leyes Orgánicas del Estado. Además, se busca la implicación no sólo de todas las administraciones y todos los partidos políticos, sino también de las familias y los medios de comunicación. Porque “hemos de ser conscientes [de] que el esfuerzo del alumnado es un requisito necesario pero no suficiente”.
Por cierto, es tal la implicación del ministro que en muchas partes del texto se nota la pluma del catedrático de Metafísica que sigue siendo. Sospecho que no es muy habitual que los ministros se encarguen de redactar este tipo de documentos.
Luis García
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