De todo se aprende: Pacto de Educación
Blog de Formación
Publicado el 25 de Junio de 2010 por Luis García
Ayer el ministro Ángel Gabilondo intervino en el Parlamento Europeo para resumir y valorar los logros de la presidencia española de la Unión en materia de educación. Desde el Gobierno se nos presenta como lo más importante que se haya conseguido incluirla en la agenda del Consejo Europeo de jefes de Estado y de Gobierno... Es como si la selección se eliminara hoy en Sudáfrica y Del Bosque volviera celebrando que hemos conseguido que toda Europa hable de nuestro juego.
El ministro sabe que es necesario que se hable de educación, que se debata sobre educación. Como decía Ortega y Gaset: "De lo que se piense hoy depende lo que mañana se hable en las plazuelas". Pero sabe también que eso es sólo un primer paso, que lo importante es que se adopten medidas y, luego, que se obtengan resultados. Resultados que lleguen luego, claro, a las plazuelas.
Como con el Pacto de Educación. Se debatió y no se aprobó. Ahora va a presentar las medidas que considera inaplazables y las adoptará con o sin consenso. El ministro hizo su tesis sobre Hegel y sabe que, como él explicaba, las ideas avanzan gracias precisamente a la oposición que generan. Como debería mejorar el juego de España conforme mejora el del rival. Quizá de que obtengamos plaza en octavos hoy, depende lo que se juegue mañana en las plazuelas.
Pero la presidencia española está eliminada del europeo y presentarnos que se haya conseguido hablar de educación como su gran triunfo es como marcar un gol sin saber si ha sido en propia meta. Un gol por la educación.
Luis García
Ayer acabó el plazo para que todos los partidos políticos y los agentes sociales implicados dieran una respuesta al Pacto de Educación. Después de la negativa del Partido Popular a unirse a él, poco importaba ya la del resto de grupos. Si los dos partido mayoritarios no se ponen de acuerdo no puede haber pacto.
Los motivos que adujo la secretaria general de PP, María Dolores de Cospedal, es que no se proponía un cambio real de modelo educativo, sino que se trataba de abundar en uno fracasado. El ministro Ángel Gabilondo respondió que no se puede hacer tábula rasa y empezar de cero. Y tiene razón: el sistema educativo es un barco que tiene que ir construyéndose y reparándose sobre la marcha, mejorándose lo que se pueda mejorar pero siempre teniendo en cuenta que, sobre todo, debe permanecer a flote.
Quizá simplemente no querían dar un triunfo así al Gobierno y por eso lo han rechazado. Además, el sistema educativo del treinta por ciento de abandono escolar del que se queja Cospedal es el mismo en el que se han formado tanto ella como el propio ministro de Educación. No puede ser tan malo, ¿no?
Y si de modelos fracasados se trata, estamos rodeados de ellos. Nuestro sistema económico, sin ir más lejos, basado hasta ahora en el turismo y el ladrillo. ¿Dónde cree Cospedal que iba ese tercio de estudiantes que abandonaba los estudios? Pues a ganar dinero, ya fuera en la obra, vendiendo pisos o sirviendo mesas en la costa. No era sólo que el sistema educativo los expulsaba, era que el sistema laboral los absorbía. El problema es, ¿dónde van a ir ahora que saltar del barco es caer al agua?
El Gobierno va a seguir con su reforma educativa, aunque sin el gran consenso que quería. ¿Cuál va a ser el siguiente modelo que nos demos cuenta que ha fracasado? ¿El político? Lo malo es que no son los modelos los que fracasan, sino las personas... ni los barcos los que se ahogan cuando se hunden.

Luis García
El próximo día 22 de abril el ministro de Educación, Ángel Gabilondo, espera poder presentar un texto definitivo para el pacto por la educación. Lo ha venido retrasando y advierte de que se podría volver a retrasar. Hoy esperaba cerrar las fechas para las reuniones definitivas y, ha dicho, ha esperado también que acabaran otros procesos de negociación dentro del Gobierno con consecuencias para la educación, como el del proyecto de economía sostenible.
Ya había declarado con anterioridad el ministro que el proceso no se podía dilatar indefinidamente. Se da cuenta de que tiene muchas cosas por hacer y que, aunque el pacto es importante, no debería jugarse toda su credibilidad política a esa carta. Pero, ¿por qué es tan difícil conseguir un pacto, si todos los grupos políticos coinciden en que hay que reformar el sistema?
Muy sencillo, porque cada uno quiere hacer la reforma a "su manera", quiere que el resto lo acepte o romper la baraja y quiere, así, obtener "su pacto". Pero eso no es un pacto sino una imposición y quien la puede hacer es, precisamente, el Gobierno. Duraría sólo hasta que perdiera unas elecciones, pero seguramente sería más coherente, porque no sería el mínimo común denominador de las opiniones de todos. Dice un proverbio árabe que un camello es un caballo diseñado en asamblea. Si el día 22 no hay un texto definitivo para el acuerdo, el ministro debería olvidarse del camello y subirse a su caballo. Así iría más rápido, aunque aquél sea más apropiado para su travesía por el desierto.
Luis García
Una vez que ha conseguido la reforma de la Sanidad pública, el presidente de Estados Unidos, Barak Obama, va a por la reforma educativa. Y, si ha podido con aquélla, sin duda conseguirá hacer efectiva ésta.
Lo que va a hacer es unificar y endurecer el procedimiento de evaluación de los alumnos en todo el país. Además, no sólo se premiará con más fondos, como hasta ahora, a los colegios e institutos que obtengan mejores resultados; también se reorganizarán, desde Washington, los que peores calificaciones obtengan.
Ahí viene el principal problema. Porque el Gobierno tomará el control de uno de cada veinte centros, los peor calificados, y podrá tomar medidas drásticas, entre ellas el despido masivo de profesores. Y eso no ha gustado nada. ¿Qué pensaríamos aquí si se despidiera al 5% menos eficiente del funcionariado? ¿No sería considerado una enorme injusticia, sobre todo por ellos?
Con la decisión que se ha lanzado a ello, seguro que finalmente habrá reforma. Y, si en Estados Unidos consiguen reformar la educación, con pacto o sin él, nosotros también deberíamos poder. Porque allí el debate no es si vamos o venimos de Bolonia o que se imparta Religión, o Educación para la Ciudadanía, como aquí. Asignatura que, por cierto, acaba de ser llevada a los
tribunales europeos.
Allí el debate es si se enseña Creacionismo o Evolucionismo. Es decir, la Ciencia actual o la de cuando se fundó el país, hace algo más de dos siglos. Y es que parece que reformar la Educación sea refundarlo. Y puede que lo sea. Pero, por favor, sin sangre.
Luis García
El Sindicato de Estudiantes ha anunciado movilizaciones en contra del Pacto Social y Político por la Educación. Dice que no es social ni político. Y denuncia que el Gobierno está dando un “giro a la derecha” en este y otros temas, como las pensiones, la edad de jubilación o el despido, para acercar posturas con la oposición.
“Cualquier pacto con el PP es negativo, si Zapatero y su ministro de Educación no rectifican nos movilizaremos e iremos a la huelga general”, ha dicho su portavoz, Thoil Delgado. Aunque parece referirse a una huelga “general” en la educación, ha pedido a los sindicatos mayoritarios (y a los de profesores) que se les unan.
El sistema educativo nunca tendrá la estabilidad necesaria si cada vez que un partido accede al poder lo cambia. Para que se llegue a un pacto y una misma educación valga para las distintas tendencias políticas, hay que apartar la ideología de la educación. Y un sindicato que defiende, por ejemplo, el “derecho democrático de reunión en horas lectivas”, no parece el más adecuado para hacerlo. Una cosa es querer suprimir los crucifijos y otra muy distinta pretender sustituirlos por la foto del Che.
Siempre habrá gente para la que no valga ese acuerdo. Siempre habrá quien piense que “Cualquier pacto con el PP es negativo” y que no esté dispuesto a sentarse a negociar. Como siempre habrá estudiantes que no se sienten a estudiar. Pero de todos los argumentos que pueda haber ahora para pedir una huelga general, el de que el Gobierno esté negociando el pacto por la Educación es, sin duda, el más peregrino.
Luis García
Carlos Francino acaba de entrevistar en la Cadena SER al ministro de Educación, Ángel Gabilondo. La última pregunta era de una oyente, una profesora a la que sus alumnos, con infinita desidia, le habían preguntado para qué sirve la poesía. Le ha contestado que es necesaria cierta educación sentimental y cierto cultivo de las palabras.
También ha llamado el director de un Instituto Tecnológico de la Universidad de Valencia. Decía que en España faltan ingenieros. El ministro lo ha corroborado, afirmando que en 2020 el 85% de los empleos en España requerirá cualificación, pero que no se pueden formar sólo buenos profesionales, sino que hay que formar personas, ciudadanos. Y que si se le pregunta al decano de una Facultad de Filología, probablemente diría que faltan filólogos e historiadores.
Pero lo que falta, sobre todo, es dinero. Por eso ha dicho el ministro que espera que el Pacto Social y Político por la Educación, además de un pacto educativo, sea un pacto por la financiación. Que la educación supone un 4,9% del PIB y que este porcentaje tiene que aumentar por lo menos hasta el 5,3%.
En este “viejo país ineficiente” podrá “no haber poetas / pero siempre habrá poesía”. Pero “¡Oh prosa! ¡Oh, mundo vil! No inspiraciones / pide el pintor a Dios, sino doblones”. Y es que ya sabemos que “Poderoso caballero es don Dinero” y que aquí podrá no haber poetas (ni ingenieros, ni historiadores...) y faltar escribientes, pero nunca habrá pesetas suficientes.
Luis García
El ministro, Ángel Gabilondo, presentó ayer el
texto inicial de su gran pacto por la Educación. Hasta el 22 de febrero no se tendrá un documento definitivo, así que sus ciento cuatro propuestas están abiertas al debate.
Entre ellas hay algunas concretas, como la de situar para el año 2015 el nivel de ayudas y becas universitarias en un 0,2% del PIB. Pero la mayoría son programáticas y buscadamente vagas, como la de “establecer planes de colaboración entre el Ministerio y las CCAA para la realización de determinadas acciones de formación permanente que permitan responder mejor a las nuevas necesidades” (!).
Pero lo más importante, aunque es la medida 101, está ya en el preámbulo: la estabilidad. Para conseguirla, “Tanto los cambios normativos como en su caso las futuras modificaciones que sepuedan derivar de las medidas acordadas en este Pacto Social y Político por la educación precisarán una mayoría parlamentaria de 2/3 en el Parlamento”.
O sea, que se equipara el pacto con las Leyes Orgánicas del Estado. Además, se busca la implicación no sólo de todas las administraciones y todos los partidos políticos, sino también de las familias y los medios de comunicación. Porque “hemos de ser conscientes [de] que el esfuerzo del alumnado es un requisito necesario pero no suficiente”.
Por cierto, es tal la implicación del ministro que en muchas partes del texto se nota la pluma del catedrático de Metafísica que sigue siendo. Sospecho que no es muy habitual que los ministros se encarguen de redactar este tipo de documentos.
Luis García