La mala educación
El fin de semana nos sorprendió la noticia de abusos sexuales en un elitista colegio de los jesuitas en Berlín. Los sacerdotes acusados, además, visitaron durante los años ochenta centros de enseñanza en España y Chile, donde también cometieron abusos. Los hechos se conocieron ya en 1991, pero no se alertó a la policía. ¿Por qué?
¿Por la misma razón por la que durante años se escondieron los abusos en Irlanda? ¿Por la misma por la que la diócesis de Wilmington, en Estados Unidos, se declaró en bancarrota para no tener que pagar indemnizaciones a las víctimas de los abusos sexuales de dieciocho de sus sacerdotes? Aunque, eso sí, ya ha anunciado que sí tiene dinero para pagarles la jubilación. ¿Para defender a los pederastas en vez de a sus víctimas?
Son casos puntuales ante los que hay que estar atentos. Pero no pensemos que nos quedan muy alejados, ni espacialmente ni en el tiempo. La semana pasada un profesor de Castellón fue detenido por realizar tocamientos y sacar fotos de contenido sexual a sus alumnos.
Muchas de las mejores escuelas, dentro y fuera de España, están dirigidas por órdenes religiosas. Sin ir más lejos, el viernes fue premiado por la Junta de Castilla-La Mancha el Colegio Episcopal de Almansa. Pero no son los cientos de profesores y sacerdotes dedicados, sino los otros, los que nos hacen pensar que ojalá tengan razón. Que ojalá haya un Dios… Y, sobre todo, un infierno.
Luis García