Fuga de cerebros
A la mayoría, los lenguajes de programación nos suenan a chino. Quizá, después de unos días en la ciudad de Harbin, al noreste de China, también a los tres estudiantes de la Universidad Politécnica de Cataluña que están compitiendo en el concurso mundial de programación de la Asociación de Informática Americana. Hoy es (casi ha sido ya, teniendo en cuenta las siete horas de diferencia) la gran final.
Es el único equipo español en la final, para la que se clasificaron al ganar en la final de Europa occidental superando, entre otras, a la prestigiosa Ecole Normale Supérieure de París. A una hora de acabar, no aparece en la lista de los doce primeros, así que parece que ha perdido todas las opciones de ganar. El equipo de la Universidad de Shanghai Jiaotong va la primera.
Aunque eso es lo de menos. El mero hecho de estar allí, codeándose con los futuros “líderes de las nuevas tecnologías”, ya es un triunfo. Así al menos es como los define IBM, el principal patrocinador del evento. No en vano es su cantera. Y la de muchas otras empresas. Uno de los tres españoles ya ha anunciado que ha firmado un precontrato con Google para ir a trabajar a su central en California.
Ir a Silicon Valley para un informático debe ser como para un actor triunfar en Hollywood. Es cierto que la economía española no ofrece muchas salidas a los programadores. Que en Norteamérica se les paga mucho mejor y aquí simplemente se compra el sofware que allí se produce. Pero si los mejores cerebros que salen de nuestro sistema educativo se van a trabajar siempre a otros países, habría que pensar qué es lo que falla.
Luis García