Azafata de tierra, una profesión con gancho

Autor migoa
Publicado el 28 de Julio, 2010


Un testimonio que cuenta cómo surge la vocación y cómo se desarrolla una profesión apasionante.
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Me llamo Mónica y soy azafata de tierra. Cuando era pequeña no soñaba con ser bailarina, como mis compañeras de clase, ¡yo quería ser camionera!
Los largos viajes a Valencia por carretera, cuando salía de vacaciones con mis padres a bordo de un 127, eran como una ventana a otras vidas. Durante las 6, 7 y a veces hasta 8 horas de camino, era testigo del ir y venir de camiones que se pitaban entre sí, conversando en un lenguaje propio y misterioso. Y me parecía que un mundo fascinante se desarrollaba al otro lado del cristal.

Ahora veo a cientos de viajeros, todos esos pasajeros que pasan por mi mostrador, día tras día, por viajes de negocios, placer, encuentros familiares, éxodo, estudios… miles de motivos inimaginables en este planeta globalizado, donde pillamos un avión como antes cogíamos un autobús. Llevo casi 20 años trabajando en el aeropuerto. Empecé en Spanair y luego pasé a KLM. Desde el principio lo tuve claro. Terminé COU y me marché a vivir durante año y medio a un pueblito del sur de Inglaterra. Cuando regresé con un idioma -en esa época hablaba inglés mucha menos gente que ahora -, y conociendo ya el aeropuerto de Barajas porque mi padre era conductor en AENA, supe que lo mío eran los fingers, las salas de embarque, la facturación y los pasajeros.

¿Por qué no me hice azafata de vuelo? Por una parte, porque mido 1,60 -menos de los mínimos exigidos-; y, por otra, porque ser azafata de tierra me abría más salidas, no solo en facturación, sino también en coordinación y planes de vuelo. En tierra hay un gran abanico de opciones, que van desde trabajar en facturación hasta jefe de escala. También tienes la posibilidad de trabajar a jornada parcial, lo que te permite seguir con la formación.

El primer proceso selectivo cuando entré en Spanair lo recuerdo como si lo hubiera vivido ayer. No fue sencillo, había muchos aspirantes y pocas plazas. Eran tres fases eliminatorias que incluían test de personalidad, fluidez con el inglés y una entrevista de trabajo propiamente dicha. Una vez superadas todas estas pruebas, tuve que realizar un periodo de formación de unas dos semanas en la empresa.

Lo que más destaco de mi trabajo es lo diferente que puede llegar a ser. También, la evolución que ha sufrido este sector con la democratización de los precios de los billetes de avión. La mayor evolución la ha sufrido el pasaje, sobre todo el español. Hace 15 años solo volaba una clase social específica y con destinos que no se alejaban mucho de Europa. Hoy se puede ver a todo tipo de gente viajando a los lugares más remotos.
Otro gran salto ha sido la mecanización. Ahora, con un DNI o un pasaporte se puede viajar a cualquier sitio, todos los datos están digitalizados y ya no hacen falta esos infinitos billetes de papel de copia ilegibles. Creo que en poco tiempo tampoco será ya necesario tener personal en facturación, porque todo se hará de forma automática. Donde no ocurrirá lo mismo es en el sector de facturación de equipaje, porque si nadie controla, poca gente honesta irá, sin que nadie la obligue, a pagar el exceso de equipaje.

¿El peor día para trabajar? ¡El 14 de agosto! O Semana Santa, porque es cuando todo se agolpa y no hay tiempo ni para respirar. En cualquiera de estas fechas, al final del día puedo haber hablado con medio millar de pasajeros, he tenido que resolver incontables overbookings y lidiar con los personajes más variopintos, como aquel que se presentó a facturar ¡con una televisión de plasma de 36” como equipaje de mano!

Pero luego también hay días estupendos, como cuando tengo que supervisar vuelos a Japón, que son los mejores pasajeros del mundo porque leen todas las normas, las respetan, saben sus derechos y sus obligaciones y son extremadamente educados. En el otro lado de la balanza, los españoles -y lo digo con cierto pesar-, pedimos mucho y nos cuesta acatar las normas… De todas formas, para mí no hay mejor sitio para trabajar que un aeropuerto. No lo cambiaría por nada, y es que el aeropuerto crea adicción.

Testimonio recogido y realizado por Gracy Hunter

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